CLASES DE REPRESENTACIÓN EN EL DERECHO CIVIL (PARTE II)

La representación voluntaria o convencional emana de la voluntad del representado que es quien a su arbitrio estable las bases y límites de las facultades que confiere al representante (acto unilateral).


Anibal T. (2008). El Acto Jurídico. Lima: EDIMSA.

REPRESENTACIÓN VOLUNTARIA O CONVENCIONAL

Viene a ser propiamente el acto jurídico, donde una persona llamada representante delega facultades a otra llamada representante a fin de que pueda vincularlo jurídicamente con otros sujetos, debido a que éste (representado) por sí mismo no puede relacionarse con dichos sujetos.

En este último caso, debemos dejar constancia que la persona que delega la representación lo hace por creerlo así conveniente, en ejercicio de la autonomía de la voluntad, debido a múltiples factores que solamente le son inherente y, por ello en nada le impide que pueda ejercer de manera directa su voluntad y, por ende, celebrar el mismo el acto jurídico o la relación jurídica que pretende generar.

TEORÍA DEL ACTO JURÍDICO

Ahora bien, debemos efectuar la precisión de que para fines de la Teoría del acto jurídico, solamente cabe desarrollar la representación directa (o también llamada representación de personas), entendiendo como tal cuando el representante actúa en nombre y en interés de su representado,implicando esto último lo que se conoce en la doctrina como comtemplatio domini.

Definición de derecho
Origen del derecho

REQUISITOS DE LA REPRESENTACIÓN DIRECTA CON PODER

Puede establecerse como requisitos de la representación directa con poder los siguientes electos, señalando que los mismos deben ser concurrentes para que surtan plenamente los efectos de tal relación:

  1. El representante debe emitir una voluntad propia, es decir, que en el ejercicio de la gestación representativa, el representante debe tener suficiente capacidad de negociación – dentro de los límites de facultades fijados por el representado -, con la finalidad de buscar lo mejor para los intereses propios de la persona que le ha delegado dichas facultades (representante).
  2. El representante debe actuar teniendo en cuenta a su representado, lo que implica que dicho sujeto debe realizar la gestión representativa en nombre y en interés de su representado (también llamado principal o dominus), por lo cual se convierte propiamente en una representación directa, llamándosele también a este elemento en la doctrina como comtemplatio domini.
  3. El representante debe contar con suficientes facultades o poderes que le permitan ejercer la representación; esto significa que para desarrollar la gestión representativa, el representante debe estar irrogado con las suficientes facultades delegadas por su representado, cuyo basamento o sustento vendrá a ser denominado principio de literalidad, el mismo que prescribe que solo ejercerá las facultades otorgadas de manera expresa y que resultan ser indubitables.

LA EXISTENCIA DE LA REPRESENTACIÓN

Es lógico la existencia de este fundamento para dar seguridad y tranquilidad al representado, por cuanto supondrá que dentro de estos limites su representante ejercerá la representación, evitando ir más allá de los límites fijados a este último.

El sustento legal adecuado para ser este último requisito lo encontramos en una norma adjetiva, esto es, el Código Civil que en la parte «in fine» del artículo 75° señala taxativamente lo siguiente: «… El otorgamiento de facultades especiales se rige por el principio de literalidad. No se presume la existencia de facultades especiales no conferidas explícitamente».

Si bien es cierto que dicha norma tiene connotación de carácter procesal, sin embargo sus fundamentos en nada impiden que pueda aplicarse de manera análoga para la representación como acto jurídico.

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